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Viernes, 02 de diciembre de 2011

A lo largo de los años, muchas son las historias que nos llegan desde apenas unos infantes sobre leyendas de todo tipo de índole, algunas con el fin de estremecer a los mas pequeños para encaminar su comportamiento o con tal de compartir historietas con familia y allegados. Muchos pueden ser los fines de este tipo de narraciones que, desde el comienzo de los tiempos de nuestra "joven" raza y su prematuro conocimiento del lenguaje, se han ido transmitiendo a lo largo de generaciones de oradores, como un versículo escrito en el lado oculto del pequeño libro de nuestra historia popular, esperando que unos ingenuos oídos sean testigos fieles de lo acontecido hace tiempo y transmitan, con el mismo sobrecogimiento que les llegó a su conocimiento, el mensaje a futuros.

Por nuestra localización estratégica geográficamente hablando, Canarias ha sido un "caldero" donde decenas de culturas mezcladas en el tiempo añadían historias propias y singulares a modo de ingredientes durante años, cocinando así lo que hoy es nuestro patrimonio cultural. Desde latinoamérica hasta europa, pasando como no por áfrica, y tiempo después de la colonización desde lugares mas fríos e inóspitos, miles han sido los cuentos y fábulas que han nutrido nuestro ya de por sí rico legado. De entre todas estas, existen otras que se han transmitido desde los órigenes de los primigenios canarios, historias y creencias religiosas que a día de hoy siguen en nuestros labios y pensamientos, manteniendo vivo el acervo aborigen en nuestros tiempos.

Hoy queremos rescatar del olvido unade estas leyendas que ha mantenido todo su misterio desde que nuestros antepasados comenzaron a venerar y temer a partes iguales a los seres de los que hablaremos; una de esas historias que llenan e inundan nuestros barrancos de un halo de respeto y notoriedad que invitan tan sólo a los incautos a sumergirse en sus conocimientos, se trata de la leyenda de los Tibicenas.

La comparación o connotación de este fenómeno con otros semi-idénticos de origen europeo, (Francia, Inglaterra) es inevitable, ya que en los folclores populares de dichas tierras existen testimonios antiguos de apariciones de seres cuanto menos similares, con un propósito casi calcado del de nuestras islas, así que es difícil dibujar en la nublosa línea del tiempo en qué momento se juntó la historia aborigen canaria con la tradición traída desde fuera por parte de los colonizadores europeos, si bien si podemos afirmar que ambas historias beben y se nutren entre sí, haciendo mas palpable su relato por un mayor alcance de personas. Su presencia además no pasó inadvertida por los colonos ni por la sucesión de población del resto de Europa que a nosotros llegó, incluso el cronista historiador "Pedro Gómez Escudero" recogía en las páginas de una de sus obras: "Muchas i frequentes veses se les aparecía el demonio en forma de perro mui grande i lanudo de noche i de día i en otras varias formas que llamaban Tibisenas".

Para varios investigadores y cronistas,  la leyenda de los Tibicenas, o Guacanchas como se les conoce en la isla de Tenerife, ha sido catalogada como el fenómeno "Mothman" Canario, y no sin razón, ya que la aparición de estos seres les acompañaba toda una serie de desgracias y malos augurios, por lo que no es de extrañar que los aborígenes canarios les temieran y rindieran culto por igual, haciendo pequeños sacrificios ante simulados altares o representándolos en ídolos de barro cocido y terracota, como los que se encuentran en La Aldea de San Nicolás, Barranco de Guayedra, en Agaete y San Bartolomé de Tirajana, en la Isla de Gran Canaria. Obtener el favor de estos seres espectrales para no sufrir sus encuentros podría ser el motivo por el cual, se han hallado estos curiosos ídolos de forma humana y de animales. Algunos ídolos son muy extraños, ya que representan a una especie de mono u oso, cuando ambos animales no existen en la fauna isleña, ya que la forma que se les atribuye dista mucho de estas especies.

Los Tibicenas eran representados como perros gigantes, muy lanudos y de color negro intenso, con un fulgor etéreo en los ojos que los dotaba del halo fantasmal y espiritual al que se le rendía culto. Si bien las crónicas no recogen que efectuaran ataques directos a la población y ganado o fauna salvaje de la zona, la aparición de uno o varios de ellos por sendas, barrancos al caminante eran motivo de caos en el poblado, ya que, como bien se narra, la desgracia les acompañaba, como si de un compañero fiel, amansado por la mano del mismo terror, quisiera avisar a los habitantes de lo que se avecinaba.

Su veneración era tal, que las arimaguadas canarias poseían una serie de rituales de invocación y ofrenda que en noches señaladas por los augurios de éstos seres, ofrecían perfumes elaborados con resinas y vegetales en busca de ganarse el favor y el perdón de estas presencias procedentes del inframundo. Éstos ritos culturales posteriormente, tras la llegada de los castellanos y franceses, se catalogaron como "invocaciones brujeriles", ya que en sus tierras tenían conocimiento de brujas que invocaban seres cuanto menos parecidos para buscar el mal sobre la población que las discriminaba.

Estas cazas de brujas o rituales mágicos ancestrales, han posiblemente derivado en relatos y festividades mas conocidas a día de hoy, como "La Caza del Perro Maldito" en Valsequillo, fiesta que se celebra anualmente en la localidad Gran Canaria y cuyas raíces a veces inciertas pueden estar atadas a uno de estos perros demonios que atormentaban e inquietaban a la población. (investigación que aún tenemos entre manos en la actualidad en busca de sus similitudes y procedencias).

Hoy en día, en ambientes urbanos se desconoce la existencia estos seres, pero en el medio rural isleño es diferente, ya que la orografía propicia que existan muchos parajes solitarios, y barrancos profundos y sombríos, aspecto este que favorece las apariciones en los lugares más remotos y peor iluminados, por lo que pequeñas historias de pueblos y localidades aún recogen en el interior de esas voces apagadas y susurrantes de sus habitantes mas longevos las leyendas de estos seres que producen un escalofrío al atisbarlos en la penumbra, acompañados de testimonios inauditos de personas que aún creen en su existencia por vivencias y experiencias propias; ponerlas o no en tela de juicio corresponde al criterio de cada uno, pero cuánto menos que guardar el respeto por la creencia local y la veneración histórica que procesaba estos seres.

Evidentemente, cuanto más atrás en el tiempo se retroceda, mayores posibilidades hay de encontrar testimonios, ya que en la actualidad, la gente se desplaza mayoritariamente en, reduciéndose notablemente los encuentros con lo extraño y mitológico, pero esto no quita que aún a día de hoy se hable de presencias, que en la bruma de los caminos mas recónditos y parajes mas escarpados, observan con una mirada espectral, atemporal y de otro mundo, seres que a lo largo de años han infundido el temor y el respeto en las almas de las islas que hoy habitamos, profiriendo con su presencia un mensaje quizás allegado desde el mas allá.

Fuentes consultadas:

http://ventanitacanaria.blogspot.com/2009/04/leyenda-de-los-tibicenas.html

http://canariasinsolita.blogspot.com/2007/12/la-leyenda-del-perro-lobo-tibicenas.html

http://www.bloganavazquez.com/tag/necropolis-maspalomas/

http://www.iiee.cl/r_tibicenas.html

Relatos e historias populares

Testimonios locales Valsequillo y barranco Guayadeque.


Tags: perro, maldito, demonio, tibicena, tibicenas, canarias, misterio

Publicado por Chojin-hop @ 12:08  | Misterios y Leyendas
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