Cada vez, que escuchamos casos sobre ovnis, se sulen relacionar con tres tipos de caracteristiscas o acciones que realizan estos seres, estas son, TELETRANSPORTACIÓN, ABDUCCIONES Y LOS VISITANTES DE DORMITORIO.

No obstante, la cosa puede incluso ser peor, como sucedió en el caso protagonizado por Judith en 1990 en Gran Canaria, los tres fenómenos, teletransportación, abducción y visitantes de dormitorio, se dan al mismo caso.
La teletransportación tuvo lugar en verano de 1990, en torno a las 9,40 de la mañana. Tras dejar a sus hijos en el colegio, Judith conducía su Renault 5 en dirección Las Palmas-Telde, cuando al alcanzar la salida de la autopista a La Garita se percató de la existencia de un banco de niebla muy raro. “Ya había notado que no había tráfico, y en milésimas de segundo reaccioné intentando frenar al entrar en la curva, pero fue tarde o todo muy rápido. Perdí la conciencia y desperté en el mirador de la Caldera de Los Marteles, en los altos de Telde, a unos 25 kilómetros de distancia” Judith recobró la conciencia en ese lugar cuando un joven golpeó la ventanilla de su coche para saber si le pasaba algo; no era extraño, dado que su coche estaba entre la vía y la calzada y le debió hacer pensar qué algo sucedía. Aunque aturdida y desconcertada, sabía que no tenía nada “preocupante” y el joven prosiguió su camino. Pero algo había pasado, y muy extraño. Un recorrido tan largo y lleno de curvas; el tanque de gasolina con un cuarto más de combustible, “miré la cartera y tenía el mismo dinero en efectivo que llevaba, y en ese instante me di cuenta de la hora; eran las doce pasadas del mediodía, más de dos horas más tarde. Normalmente a un ritmo prudente, se llega al lugar en poco menos de una hora. Eso sí que era raro”

Judith volvió sobre sus pasos y preguntó en las gasolineras si ella había repostado allí, con la excusa de haber perdido la cartera. La respuesta fue negativa en las tres estaciones. No obstante, el “Caso Judith” no había hecho más que empezar. Una semana más tarde, pasada la madrugada, Judith vería como su habitación se iluminaba de manera inusual y al levantarse contemplaría como la luz se concentraría en una única bola perdiendo la conciencia nuevamente. En febrero de 1991, viviría de manera más consciente un caso de visitante de dormitorio. Sin poder moverse, contempla la misma luz sobre su cuerpo y al despertarse por la mañana presenta extraños formas redondeadas en el pecho, muñecas y piernas que serían examinados por profesionales médicos. Y así durante un año y medio, junto a experiencias tipo posterguéis en su casa y observaciones de ovnis compartidas con otras personas. Sería la hipnosis la que ayudaría a reconstruir parte de estos episodios, de la mano de periodista e investigador Josep Guijarro.
Con el apoyo de Sarais, Guijarro ayudó a Judith a recordar lo que pasó tras internarse en el banco de niebla en La Garita y reaparecer en Los Marteles, algo que no hizo sino añadir desconcierto a todo el asunto. “Me vi inmediatamente dentro de un hangar o depósito circular, dentro de mi mismo coche, y como aparecían unos seres bajos, con grandes cráneos, que me ordenan mentalmente que baje del coche. Es todo muy tenso y me niego, pero ellos logran sacarme recostándome en una camilla situaba a la altura de la puerta del coche”

El lugar es descrito por Judith como dotado de luces hexagonales, y en la camilla es traslada por un pasillo a otra estancia, que a ella le recordaba un consultorio médico. En ella aparecerá un ser de mayor tamaño, “como un esqueleto andante” que parece supervisarlo todo. Allí hay “lo que parecen dispositivos tecnológicos, como modernos ordenadores pero sin teclados, botones o mecanismos visibles de manejo. Me hace pruebas diversas, como medirme el ritmo cardiaco, me pasan imágenes como diapositivas, pero recuerdo como desciende algo, como un reloj, que recorre mi cuerpo con la habitación a oscuras, como si fuese un escáner. En ese momento me despierto en la Caldera de Los Marteles con el toque en la ventanilla”.
En sesiones posteriores se añadirían detalles y también aparecerían estos mismos “seres” en las experiencias vividas en su domicilio. Hay más pormenores, más experiencias, pero en conjunto no proporcionan respuestas, sino que añaden interrogantes. El caso de Judith, 19 años después, sigue siendo igual de desconcertante, de escurridizo. ¿Ocurrió realmente lo que describe bajo hipnosis? ¿Pudo perder, por razones desconocidas, parte de lo que llamamos conciencia y conducir como una sonámbula hasta los altos de Telde? ¿Motivaría esa situación y el desconcierto, que bajo hipnosis diera sentido a la experiencia introduciendo argumentos ufológicos? Y si fue todo tal cual lo ha narrado, ¿qué sentido ha tenido ésta experiencia? Más preguntas que respuestas.

Parte de la informacion extraida de Misterios y Enigmas.